Historia del Zoológico Villa Dolores

23.01.2017 - 14:16

El Jardín Zoológico Municipal- Parque Pereira Rossell fue creado en 1894 y donado a la Intendencia de Montevideo en 1919

Cecilia Dolores Pereira Buxareo y Alejo Anastasio Ibaceta (1848-1919) (Rossell y Rius ya que toma el apellido de su padrastro) constituyeron un matrimonio de filántropos que, a pesar de no tener hijos, se perpetuaron en la historia del Uruguay y fundamentalmente de la ciudad de Montevideo. Donaron las tierras donde se levantó en 1900 el Hospital de Niños Pereira Rossell inaugurado en 1908, y su colección de pinturas sirvió de base al Museo Municipal de Bellas Artes, Juan Manuel Blanes.

El Jardín Zoológico Dolores Pereira de Rossell “Villa Dolores” ubicado actualmente en la calle Rivera 3245, Montevideo, fue creado en el año 1894 en un predio de 7 hectáreas. Se parquizó y se fueron incorporando paulatinamente ejemplares de fauna exótica y autóctona.
Los refugios representaban al país de origen de los animales acorde a la usanza de la época.

Se construyeron grandes lagos (Azul, Blanco, Japonés). El agua que alimentaba las piscinas de los lobos marinos era bombeada directamente del Río de la Plata. También se llevaron a cabo importantes plantaciones de árboles exóticos y se trazaron numerosos caminos y avenidas bordeadas de palmeras. Había copias de obras clásicas hechas en mármol distribuidas por todo el parque como "Moisés" o "Venus" y copias en bronce de escultores animalistas franceses del Siglo XIX representando leones, panteras, lobos, jabalíes, perros. La parte escultórica era complementada con varias fuentes importadas de Europa.

Un aspecto curioso para la época constituía la iluminación de todo el predio lo cual permitía su visita nocturna y posibilitó la realización de fiestas. Resulta oportuno señalar lo precursor de esta idea, ya que recién en 1993 se inauguró el primer zoo nocturno contemporáneo del mundo, en Singapur.

A principios del Siglo XX la quinta a la que don Alejo, en homenaje a su esposa, bautizó como "Villa Dolores" había ingresado en la categoría de "zoo" y como tal empenzó a figurar en listados internacionales que enumeraban los existentes en aquel entonces. El creciente público que se agolpaba junto a las rejas perimetrales de la quinta llevó a que sus propietarios resolvieran abrirlo para visitas públicas.

El costo de la entrada era de $ 0.10 centésimos para los mayores y de $ 0.05 centésimos para los menores. El dinero recaudado por la venta de entradas era donado íntegramente a obras benéficas como la Sociedad Cristóbal Colón o San Vicente de Paul. El primer domingo de cada mes, desde la hora 8 hasta las 11, era de libre acceso.

Rossell y Rius llevaba un "Libro de Oro" donde firmaban los visitantes ilustres (como Enrico Caruso, entre otros) y en sus páginas también pegaban artículos periodísticos que aludían al parque.

La colección zoológica de Villa Dolores estaba en permanente aumento y con frecuencia la prensa se ocupaba de los nuevos pensionistas.En 1910, Rossell adquiere a la firma alemana Hagenbeck varios animales muy importantes, entre ellos dos osos polares, varios osos pardos y malayos, dos hienas rayadas y un elefante pequeño llamado "Baby", que luego adquiriría mucha fama por sus actuaciones en el circo que comenzaría a funcionar en el zoo.

A este cargamento le siguió otro con camellos, cebras, bisontes y otros grandes herbívoros. Por esa fecha contrató al señor José Wald, de origen alemán, como adiestrador de los animales que actuaban en el circo. En sus comienzos este funcionaba en un área delimitada por un muro pero luego se construyó un anfiteatro con gradas para el público.

En el espectáculo participaban ponys cabalgados por monos, llamados "monos gauchos" por su vestimenta, y caballos que realizaban diversas pruebas entre ellas la de "sumar y restar" con golpes en sus cascos. Las "estrellas" de este circo eran los elefantes, ya que a "Baby" luego se le sumó otro ejemplar. El circo funcionó hasta los años 60, y como vestigio del mismo queda parte del muro del actual corral de los rinocerontes.

En 1912 se produce el nacimiento de dos cóndores en el zoológico, suceso inédito en América y con solo un antecedente a nivel mundial. Se hicieron carteles en chapa esmaltada de diversos colores donde se consignaban los nombres común y científico de los animales, y su patria de origen, complementados por otros carteles donde se presentaba al animal en su medio natural. También se promulgaban mensajes al público insitandolos a respetar y defender a los animales.

A dos días del fallecimiento de Alejo Rossell y Rius (marzo de 1919) fue abierto su testamento donde  manifestó su voluntad de que el Municipio de Montevideo se hiciera cargo de Villa Dolores, pasando a denominarse “Jardín Zoológico Municipal - Parque Pereira Rossell”.

En 1926 se construyó un pabellón para antropoides (monos superiores) que contaba con jaulas externas y otras internas calefaccionadas, donde chimpancés y orangutanes permanecían los días fríos. El público podía observarlos a través de unos amplios ventanales. Dicho pabellón permaneció en pie hasta 1976, cuando fue derribado para ampliar la "elefantera".

El Zoológico Municipal

El primer Director del zoológico municipal fue el dr. Carlos A. Torres de la Llosa, uno de los más destacados científicos del Siglo XX. Su sabiduría fue fundamental para que este lugar pase de ser un lugar de colección de animales privada a una de las instituciones zoológicas  destacada a nivel continental.

Le dio una orientación científica, sin descuidar su carácter de paseo público, ni la función cultural popular que había inspìrado la obra de los esposos Rossell-Pereira.

Bajo su dirección se modificó el trazado general del parque y progresivamente se reemplazaron las construcciones en mal estado por pabellones sólidos y estéticos. La colección zoológica fue estudiada y clasificada cientificamente y el número de especies aumentó considerablemente. A su vez incrementaron especies autóctonas.

En 1926 Torres de la Llosa abandonó su cargo de director lo cual marcó un cambio de paradigma y el declieve de una primera época de epogeo donde el zoológico municipal era el tercero más importante de América.

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